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La hambruna española

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Pues estoy leyendo este libro del catedrático de Historia Contemporánea Miguel Ángel del Arco Blanco y me está pareciendo altamente recomendable. No solo porque se lee de forma amena, sino también porque es el primer estudio exhaustivo que cae en mis manos sobre un oscuro y por desgracia bastante desconocido episodio de la dictadura franquista: la hambruna que asoló España (sobre todo el sur peninsular -Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura- y el medio rural, básicamente zonas que fueron republicanas durante la Guerra Civil) desde 1939 hasta bien entrados los años cuarenta, que fue causada principalmente por la autarquía impuesta por el régimen, y que se llevó por delante las vidas de más de 200.000 personas.

El interés del libro se acentúa si tenemos en cuenta por ejemplo que cada vez más jóvenes simpatizan con el franquismo. De hecho, en sus páginas se desmienten unos cuantos mitos de la dictadura. Eso sí, hago notar que el autor huye de sectarismos enmarcando la hambruna española entre otras sucedidas en la edad contemporánea y comparándolas en muchas ocasiones a lo largo del libro. Demostrando en definitiva que los crímenes del franquismo no fueron exclusivos de este, sino que formaron parte de un siniestro mosaico de barbaridades cometidas por dictaduras de distinto pelaje, así como por las potencias imperialistas y colonialistas. A mi modo de ver, solo conociéndolas en toda su extensión, así como la relación entre ellas, podremos sacar lecciones del pasado. Solo así se puede entender que no tiene sentido condenar los crímenes de masas del franquismo, como la hambruna española, y a continuación defender las dictaduras comunistas, responsables de otros crímenes de igual categoría, incluyendo unas cuantas hambrunas. O a la inversa.

En fin, os dejo unos párrafos (las negritas son mías):
No es posible explicar la posguerra sin tener presente el hambre, sin mirar a las políticas revanchistas que la dictadura impulsó tras el fin de la guerra civil. Hoy sabemos que las hmabrunas no son meros desastres humanitarios, sino que debemos entenderlas como atrocidades o crímenes, porque la inanición masiva es también una forma de violencia sobre las poblaciones civiles. El hambre, la privación y la escasez cayeron como una losa sobre los vencidos y las clases bajas, en una suerte de "violencia lenta", aquella que ocurre gradualmente y fuera de la vista, lo que dificulta que podamos identificar con claridad al perpetrador. En España el hambre que debilitó y liquidó a muchas personas no fue una consecuencia de la violencia, sino una forma de violencia en sí misma. Como veremos, el régimen franquista tomó decisiones que tuvieron un impacto en las vidas y en la salud de muchos españoles.
La hambruna española es parte de la historia de las hambrunas europeas y no puede comprenderse sin ellas. Por eso el lector encontrará numerosas alusiones a casi una docena de situaciones similares que asolaron el continente en la época contemporánea, pero también a otras de Asia o África. También hay referencias a otros casos o momentos históricos en los que el hambre fue utilizada como arma política o de guerra. Veremos que lo sucedido en la España franquista encaja a la perfección con lo acaecido en otros lugares. Las hambrunas son fenómenos que, cuando se manifiestan, son trágicamente repetitivos, por lo que se pueden identificar con facilidad sus características, sus orígenes y sus consecuencias.
Mirando más allá de nuestras fronteras, comprendemos que, al igual que con otras hambrunas contemporáneas, lo político fue un factor fundamental. Como en el resto de los casos que abordamos en el libro -Irlanda, Rusia (1917, 1921, 1941, 1946-1947), Ucrania, Gracia, los Países Bajos, Kazajistán, Bengala o China-, las decisiones humanas fueron claves para explicar el origen de estas penurias. En España, el franquismo adoptó la política autárquica, al igual que el régimen de Stalin aplicó sus políticas de colectivización y requisa de cereal beneficiando a las ciudades y a aquellos que pertenecían al Partido Comunista. Cuando estalló el desastre, en nuestro país no se modificó ni un ápice de las medidas autárquicas, y el hambre se repartió de forma muy desigual entre unos y otros grupos sociales; como hicieron los ocupantes nazis de la Grecia de la gran hambruna (1941-1944), que dominaron los víveres y el abastecimiento mientras buena parte de la población griega fenecía. E incluso la política también estuvo presente en las consecuencias que siguieron a la muerte de mucho: si en España consolidó al régimen y desmivilizó a la población, en los Países Bajos la ayuda humanitaria lanzada desde aviones tras la liberación de la ocupación nazi borró que la hambruna se había producido especialmente por el bloqueo aliado que asfixió a la población.
Esta importancia de lo político hace que el siglo XX sea el momento histórico en que se han producido, hasta ahora, más hambrunas y de carácter más devastador. Cuando estas sucedieron en la Antigüedad, en la Edad Media o en la Moderna, tuvieron un carácter más localizado y coyuntural. Sin embargo, cuando en la época contemporánea se incrementa la producción agricola, las mejoras en higiene o los conocimientos médicos, el potencial destructor de las hambrunas crece de forma exponencial. La explicación es clara: el aumento del poder de los Estados y el fenómeno de la guerra moderna, en la que la utilización del hambre es una pieza capital.
Las cifras de las víctimas de las hambrunas en el mundo son evidencia de lo anterior. Durante el siglo XX (1914-2000) en Europa (incluyendo todos los territorios de la Unión Soviética), la mayoría de las muertes se concentraron entre las guerras mundiales y sus inmediatas consecuencias. Solo entre 1946 y 1947, fallecieron 33.288.000 personas de hambre o por enfermedades derivadas de la desnutrición. Tras la llegada a buena parte de Europa de la democracia y el estado del bienestar, las hambrunas desaparecieron completamente. Asia siguió un camino distinto. Entre 1914 y 1945, fenecieron 28.300.000 personas por las hambrunas, pero estas siguieron azotando el continente tras el fin de la guerra. Entre 1945 y 2000, casi cuarenta millones de personas murieron por ellas. Las muertes fueron provocadas fundamentalmente por las políticas comunistas: la gran hambruna de Mao Zedong (1958-1962) se llevó las vidas de 36 millones de personas, y la Camboya de los Jemeres Rojos (1975-1979) más de 1,2 millones. Por su parte, los más de cuatro millones de fallecidos en las hambrunas de África se originaron por las consecuencias del imperialismo occidental y los procesos de descolonización en el contexto de la guerra fría, muchas veces acompañadas por sequías.

(...)

La autarquía también llegó al comercio, esencial para lograr la correcta distribución de alimentos entre la población y hacer funcionar la economía. Con su política de fijación de precios oficiales y de control absoluto de los precios intervenidos, se suspendía en la práctica el libre mercado. Se evitaba así que la demanda de alimentos en una provincia o localidad fuese resuelta por la oferta, abasteciendolos libremente. Por ejemplo, los agricultores no podían vender su producción de aquellos productos intervenidos por el gobierno hasta que no satisficiesen los cupos impuestos... aunque existiese una demanda y una necesidad evidente entre la población hambrienta. Paradójicamente, es algo similar a lo sucedido en la hambruna de Ucrania (1932-1933), donde los campesinos no podían comerciar con el cereal o con productos cárinocs si sus granjas no habían cubierto las cuotas de confiscación fijadas por el aparato comunista.

Comentarios

  • La autarquía fue un puto desastre, pero CREO que no se debe aislar el hambre de esos años de las consecuencias de la Guerra Civil, el país estaba destrozado, y del aislamiento internacional contra el franquismo, no CREO que una política liberal hubiese mejorado la situación, Europa occidental evito la hambruna gracias a la ayuda e inversión de USA.
  • Parece otro libro interesante, y es de agradecer que vaya a datos y no a relatos políticos.
  • editado 5 de enero PM
    Mi padre era uno de esos niños. Los días que había suerte comía mondas de patatas, pieles de plátanos o de naranjas y cosas así.

    Los días que había mucha suerte cazaban una rata.

    Lo de las 200.000 personas muertas de inanición me parecen ser pocas, es posible que no se cuenten las personas muertas de hambre en las cárceles franquistas, quizás porque a esas no las mató de hambre la desastrosa política económica de la derecha hijadeputa y hambreadora (eso es lo que diría Diony, yo mejor digo que no las mató el hambre provocada por el puto enano).

    Y no las mataron la pobreza y la hambruna generalizada en España, porque lo que las mató fue la consciente y premeditada politica penitenciaria franquista, consistente en no darles la comida necesaria para sobrevivir y, por supuesto, tampoco tratar cualquier enfermedad que tuvieran. De hecho las prisiones franquistas eran más crueles y asesinas que los campos de concentración (no que los de exterminio) nazis o los gulags soviéticos. Franco, ese hijo de la grandísima puta, uno de los asesinos más crueñes y sanguintrios del siglos XX, que sin embargo aún me da algunas alegrías, como mirar esta foto:de vez en cuando

    AA01-asimuriofranco1.jpg

    Es más, ni viagra ni nada parecido, es que es verla y me pongo palote :chis:
  • Muy interesante, lo buscaré :smile:

  • En España, el franquismo adoptó la política autárquica, al igual que el régimen de Stalin aplicó sus políticas de colectivización y requisa de cereal beneficiando a las ciudades y a aquellos que pertenecían al Partido Comunista.
  • editado 6 de enero PM
    Vlish escribió : »
    La autarquía fue un puto desastre, pero CREO que no se debe aislar el hambre de esos años de las consecuencias de la Guerra Civil, el país estaba destrozado,

    No tan destrozado, ese es uno de los mitos del franquismo para justificar la hambruna y las penurias de la posguerra que ha perdurado hasta nuestros días, pese al tiempo transcurrido. La economía no quedó paralizada. A pesar de los bombardeos, las fábricas y las comunicaciones no sufrieron grandes desperfectos. La agricultura tampoco se vio muy afectada por la guerra. La ganadería sí, por las necesidades de ingerir carne durante la contienda, pero no en todo el país. Sin embargo fue la política autárquica la que hizo que la carne y las proteínas disponibles para la alimentación disminuyeran drásticamente en toda España tras la guerra, igual que frenó el crecimiento de la industria y la producción agrícola. Los ferrocarriles españoles ya eran precarios antes de la contienda, pero su nacionalización a través de RENFE, que estaba en manos militares y dependía directamente de Franco, supuso un altísimo gasto en un momento en que ese capital se podría haber utilizado para alimentar el país. Las pérdidas de buques mercantes durante la guerra fueron escasas. El mito del "oro de Moscú" (las reservas del banco de España empleadas por la República para pagar la ayuda soviética), tan utilizado por el franquismo para justificar las dificultades económicas, no cuela, no explica la lentísima recuperación económica de la posguerra, ni mucho menos la hambruna. Las instalaciones sanitarias no se vieron especialmente afectadas por la guerra. Es más, durante la II República se produjo un avance en la modernización sanitaria, lo que explica que durante la guerra la salud de la población se mantuviera en un estado relativamente razonable. Pero la victoria nacional supuso una interrupción en ese desarrollo: con un personal médico militar y ultranacionalista, la ciencia retrocedió a ideas propias de inicios de siglo. La obsesión franquista por tener presupuestos equilibrados hizo que además se congelase el gasto público en sanidad, precisamente cuando el país más lo necesitaba. La destrucción de hogares se produjo en menor porcentaje que la de otros países europeos durante la Segunda Guerra Mundial, pero fueron las políticas de la dictadura las que ralentizaron su reconstrucción por falta de mano de obra, de materiales o de edificaciones públicas decididas. Además, la escasez crónica de vivienda afectó sobre todo a las clases bajas -las más afectadas también por la hambruna-, que terminaban quedándose en lugares inhabitables o cuevas, o derivaban parte de sus ingresos al gasto en alojamiento, restándoselo a la alimentación o la ropa.

    La guerra sí tuvo un gran impacto directo en la demografía, no solo por los muertos en combate, sino también por la brutal represión (durante la contienda y después), el exilio y la caída de la natalidad. Curiosamente esta última volvió a disminuir en 1941 y 1942, obviamente por la hambruna.

    La guerra también afectó al estado nutricional de los españoles, sobre todo en la zona republicana, pero esto no explica por sí solo la hambruna de la posguerra. La guerra fue un factor más, pero no el determinante. Lo que marcó la diferencia a partir de 1939 respecto a otros casos europeos fue la existencia de una dictadura con una clara influencia del fascismo que, de forma decidida, puso en marcha una política económica (por otro lado muy corrupta, al favorecer el estraperlo a todos los niveles) que ralentizó la recuperación, controló los alimentos en un momento de necesidad, y fue decisiva para la aparición de la hambruna: la autarquía.
    y del aislamiento internacional contra el franquismo,

    Ese aislamiento internacional fue consecuencia de la cercanía del franquismo a las potencias del Eje. Es más, mientras España se moría de hambre, Franco enviaba materias primas y alimentos en cantidades ingentes a los países fascistas. En esas condiciones, lógicamente los Aliados (Reino Unido y EEUU) impusieron un bloque económico que asfixió a los españoles, aunque dejando la mano tendida para abastecer a la población a cambio de la neutralidad de Franco. El régimen franquista tuvo que elegir entre pan o imperio, y entre 1939 y 1942 eligió lo segundo, decisión que agravó la hambruna y el sufrimiento de muchos españoles. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el país aislado y la autarquía aún vigente, volvió el hambre hasta la llegada del trigo argentino seguida por la ayuda masiva estadounidense a partir de 1953 y el cambio del modelo económico por influencia yanqui. El hambre desapareció de España y el régimen que la causó trató en parte de borrarla de la historia, y en parte de justificarla aludiendo a mitos como el de las consecuencias de la guerra (con sus destrucciones llevadas a cabo por los rojos), el del "injusto" aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial (que apenas duró), o el de la "pertinaz sequía", para así eludir su brutal responsabilidad.
    no CREO que una política liberal hubiese mejorado la situación, Europa occidental evito la hambruna gracias a la ayuda e inversión de USA.

    Pero es que los países europeos por los que pasaron los frentes durante la Segunda Guerra Mundial quedaron mucho peor de lo que estaba España en 1939, insisto. El freno de la recuperación española fue básicamente la autarquía. Mientras el producto industrial bruto de los países contendientes de la Segunda Guerra Mundial se recuperó al poco de concluir esta (Alemania en tres años, Francia en otros tres, Italia en cinco), en España no lo hizo hasta 1954, o sea, nada menos que quince años después de la Guerra Civil.
  • cptn_pescanova escribió : »
    Mi padre era uno de esos niños. Los días que había suerte comía mondas de patatas, pieles de plátanos o de naranjas y cosas así.

    Los días que había mucha suerte cazaban una rata.

    De todo ello y mucho más habla el libro. Creo que te interesaría.
    Lo de las 200.000 personas muertas de inanición me parecen ser pocas, es posible que no se cuenten las personas muertas de hambre en las cárceles franquistas, quizás porque a esas no las mató de hambre la desastrosa política económica de la derecha hijadeputa y hambreadora (eso es lo que diría Diony, yo mejor digo que no las mató el hambre provocada por el puto enano).

    Las 200.000 personas muertas de inanición, o de enfermedades relacionadas con esta, es una cifra estimada correspondiente a la hambruna ocurrida entre los años 1939 y 1942. En 1946 el hambre volvió a pegar fuerte, pero de ese año no hay cifras, por eso escribó arriba que en total fueron más de 200.000.

    Hablando de Diony, su familia y él mismo han sufrido los efectos de una terrible dictadura como es la chavista. Por lo que cuentas, tu familia ha sufrido la hambruna causada por la autarquía franquista. Creo que deberíais hacer las paces porque tenéis más en común de lo que pensáis.
  • Stern von Afrika escribió : »
    Vlish escribió : »
    La autarquía fue un puto desastre, pero CREO que no se debe aislar el hambre de esos años de las consecuencias de la Guerra Civil, el país estaba destrozado,

    No tan destrozado, ese es uno de los mitos del franquismo para justificar la hambruna y las penurias de la posguerra que ha perdurado hasta nuestros días, pese al tiempo transcurrido. La economía no quedó paralizada. A pesar de los bombardeos, las fábricas y las comunicaciones no sufrieron grandes desperfectos. La agricultura tampoco se vio muy afectada por la guerra. La ganadería sí, por las necesidades de ingerir carne durante la contienda, pero no en todo el país. Sin embargo fue la política autárquica la que hizo que la carne y las proteínas disponibles para la alimentación disminuyeran drásticamente en toda España tras la guerra, igual que frenó el crecimiento de la industria y la producción agrícola. Los ferrocarriles españoles ya eran precarios antes de la contienda, pero su nacionalización a través de RENFE, que estaba en manos militares y dependía directamente de Franco, supuso un altísimo gasto en un momento en que ese capital se podría haber utilizado para alimentar el país. Las pérdidas de buques mercantes durante la guerra fueron escasas. El mito del "oro de Moscú" (las reservas del banco de España empleadas por la República para pagar la ayuda soviética), tan utilizado por el franquismo para justificar las dificultades económicas, no cuela, no explica la lentísima recuperación económica de la posguerra, ni mucho menos la hambruna. Las instalaciones sanitarias no se vieron especialmente afectadas por la guerra. Es más, durante la II República se produjo un avance en la modernización sanitaria, lo que explica que durante la guerra la salud de la población se mantuviera en un estado relativamente razonable. Pero la victoria nacional supuso una interrupción en ese desarrollo: con un personal médico militar y ultranacionalista, la ciencia retrocedió a ideas propias de inicios de siglo. La obsesión franquista por tener presupuestos equilibrados hizo que además se congelase el gasto público en sanidad, precisamente cuando el país más lo necesitaba. La destrucción de hogares se produjo en menor porcentaje que la de otros países europeos durante la Segunda Guerra Mundial, pero fueron las políticas de la dictadura las que ralentizaron su reconstrucción por falta de mano de obra, de materiales o de edificaciones públicas decididas. Además, la escasez crónica de vivienda afectó sobre todo a las clases bajas -las más afectadas también por la hambruna-, que terminaban quedándose en lugares inhabitables o cuevas, o derivaban parte de sus ingresos al gasto en alojamiento, restándoselo a la alimentación o la ropa.

    La guerra sí tuvo un gran impacto directo en la demografía, no solo por los muertos en combate, sino también por la brutal represión (durante la contienda y después), el exilio y la caída de la natalidad. Curiosamente esta última volvió a disminuir en 1941 y 1942, obviamente por la hambruna.

    La guerra también afectó al estado nutricional de los españoles, sobre todo en la zona republicana, pero esto no explica por sí solo la hambruna de la posguerra. La guerra fue un factor más, pero no el determinante. Lo que marcó la diferencia a partir de 1939 respecto a otros casos europeos fue la existencia de una dictadura con una clara influencia del fascismo que, de forma decidida, puso en marcha una política económica (por otro lado muy corrupta, al favorecer el estraperlo a todos los niveles) que ralentizó la recuperación, controló los alimentos en un momento de necesidad, y fue decisiva para la aparición de la hambruna: la autarquía.
    y del aislamiento internacional contra el franquismo,

    Ese aislamiento internacional fue consecuencia de la cercanía del franquismo a las potencias del Eje. Es más, mientras España se moría de hambre, Franco enviaba materias primas y alimentos en cantidades ingentes a los países fascistas. En esas condiciones, lógicamente los Aliados (Reino Unido y EEUU) impusieron un bloque económico que asfixió a los españoles, aunque dejando la mano tendida para abastecer a la población a cambio de la neutralidad de Franco. El régimen franquista tuvo que elegir entre pan o imperio, y entre 1939 y 1942 eligió lo segundo, decisión que agravó la hambruna y el sufrimiento de muchos españoles. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el país aislado y la autarquía aún vigente, volvió el hambre hasta la llegada del trigo argentino seguida por la ayuda masiva estadounidense a partir de 1953 y el cambio del modelo económico por influencia yanqui. El hambre desapareció de España y el régimen que la causó trató en parte de borrarla de la historia, y en parte de justificarla aludiendo a mitos como el de las consecuencias de la guerra (con sus destrucciones llevadas a cabo por los rojos), el del "injusto" aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial (que apenas duró), o el de la "pertinaz sequía", para así eludir su brutal responsabilidad.
    no CREO que una política liberal hubiese mejorado la situación, Europa occidental evito la hambruna gracias a la ayuda e inversión de USA.

    Pero es que los países europeos por los que pasaron los frentes durante la Segunda Guerra Mundial quedaron mucho peor de lo que estaba España en 1939, insisto. El freno de la recuperación española fue básicamente la autarquía. Mientras el producto industrial bruto de los países contendientes de la Segunda Guerra Mundial se recuperó al poco de concluir esta (Alemania en tres años, Francia en otros tres, Italia en cinco), en España no lo hizo hasta 1954, o sea, nada menos que quince años después de la Guerra Civil.

    No tengo datos para rebatirte, y te has leído el libro, game for you. :awesome:
  • Vlish escribió : »
    Stern von Afrika escribió : »
    Vlish escribió : »
    La autarquía fue un puto desastre, pero CREO que no se debe aislar el hambre de esos años de las consecuencias de la Guerra Civil, el país estaba destrozado,

    No tan destrozado, ese es uno de los mitos del franquismo para justificar la hambruna y las penurias de la posguerra que ha perdurado hasta nuestros días, pese al tiempo transcurrido. La economía no quedó paralizada. A pesar de los bombardeos, las fábricas y las comunicaciones no sufrieron grandes desperfectos. La agricultura tampoco se vio muy afectada por la guerra. La ganadería sí, por las necesidades de ingerir carne durante la contienda, pero no en todo el país. Sin embargo fue la política autárquica la que hizo que la carne y las proteínas disponibles para la alimentación disminuyeran drásticamente en toda España tras la guerra, igual que frenó el crecimiento de la industria y la producción agrícola. Los ferrocarriles españoles ya eran precarios antes de la contienda, pero su nacionalización a través de RENFE, que estaba en manos militares y dependía directamente de Franco, supuso un altísimo gasto en un momento en que ese capital se podría haber utilizado para alimentar el país. Las pérdidas de buques mercantes durante la guerra fueron escasas. El mito del "oro de Moscú" (las reservas del banco de España empleadas por la República para pagar la ayuda soviética), tan utilizado por el franquismo para justificar las dificultades económicas, no cuela, no explica la lentísima recuperación económica de la posguerra, ni mucho menos la hambruna. Las instalaciones sanitarias no se vieron especialmente afectadas por la guerra. Es más, durante la II República se produjo un avance en la modernización sanitaria, lo que explica que durante la guerra la salud de la población se mantuviera en un estado relativamente razonable. Pero la victoria nacional supuso una interrupción en ese desarrollo: con un personal médico militar y ultranacionalista, la ciencia retrocedió a ideas propias de inicios de siglo. La obsesión franquista por tener presupuestos equilibrados hizo que además se congelase el gasto público en sanidad, precisamente cuando el país más lo necesitaba. La destrucción de hogares se produjo en menor porcentaje que la de otros países europeos durante la Segunda Guerra Mundial, pero fueron las políticas de la dictadura las que ralentizaron su reconstrucción por falta de mano de obra, de materiales o de edificaciones públicas decididas. Además, la escasez crónica de vivienda afectó sobre todo a las clases bajas -las más afectadas también por la hambruna-, que terminaban quedándose en lugares inhabitables o cuevas, o derivaban parte de sus ingresos al gasto en alojamiento, restándoselo a la alimentación o la ropa.

    La guerra sí tuvo un gran impacto directo en la demografía, no solo por los muertos en combate, sino también por la brutal represión (durante la contienda y después), el exilio y la caída de la natalidad. Curiosamente esta última volvió a disminuir en 1941 y 1942, obviamente por la hambruna.

    La guerra también afectó al estado nutricional de los españoles, sobre todo en la zona republicana, pero esto no explica por sí solo la hambruna de la posguerra. La guerra fue un factor más, pero no el determinante. Lo que marcó la diferencia a partir de 1939 respecto a otros casos europeos fue la existencia de una dictadura con una clara influencia del fascismo que, de forma decidida, puso en marcha una política económica (por otro lado muy corrupta, al favorecer el estraperlo a todos los niveles) que ralentizó la recuperación, controló los alimentos en un momento de necesidad, y fue decisiva para la aparición de la hambruna: la autarquía.
    y del aislamiento internacional contra el franquismo,

    Ese aislamiento internacional fue consecuencia de la cercanía del franquismo a las potencias del Eje. Es más, mientras España se moría de hambre, Franco enviaba materias primas y alimentos en cantidades ingentes a los países fascistas. En esas condiciones, lógicamente los Aliados (Reino Unido y EEUU) impusieron un bloque económico que asfixió a los españoles, aunque dejando la mano tendida para abastecer a la población a cambio de la neutralidad de Franco. El régimen franquista tuvo que elegir entre pan o imperio, y entre 1939 y 1942 eligió lo segundo, decisión que agravó la hambruna y el sufrimiento de muchos españoles. Tras la Segunda Guerra Mundial, con el país aislado y la autarquía aún vigente, volvió el hambre hasta la llegada del trigo argentino seguida por la ayuda masiva estadounidense a partir de 1953 y el cambio del modelo económico por influencia yanqui. El hambre desapareció de España y el régimen que la causó trató en parte de borrarla de la historia, y en parte de justificarla aludiendo a mitos como el de las consecuencias de la guerra (con sus destrucciones llevadas a cabo por los rojos), el del "injusto" aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial (que apenas duró), o el de la "pertinaz sequía", para así eludir su brutal responsabilidad.
    no CREO que una política liberal hubiese mejorado la situación, Europa occidental evito la hambruna gracias a la ayuda e inversión de USA.

    Pero es que los países europeos por los que pasaron los frentes durante la Segunda Guerra Mundial quedaron mucho peor de lo que estaba España en 1939, insisto. El freno de la recuperación española fue básicamente la autarquía. Mientras el producto industrial bruto de los países contendientes de la Segunda Guerra Mundial se recuperó al poco de concluir esta (Alemania en tres años, Francia en otros tres, Italia en cinco), en España no lo hizo hasta 1954, o sea, nada menos que quince años después de la Guerra Civil.

    No tengo datos para rebatirte, y te has leído el libro, game for you. :awesome:

    También me he leído el de Soto Ivars pero no dices lo mismo :chismoreno:
  • Tengo datos para rebatirte y al libro de Soto Ivars. :)

  • ¿Por fin tienes el libro? Game for me again :awesome:
  • Stern von Afrika escribió : »
    cptn_pescanova escribió : »
    Mi padre era uno de esos niños. Los días que había suerte comía mondas de patatas, pieles de plátanos o de naranjas y cosas así.

    Los días que había mucha suerte cazaban una rata.

    De todo ello y mucho más habla el libro. Creo que te interesaría.

    Seguro, lo que pasa es que me he vuelto demasiado perro para leer .... cuando lo saquen en audiolibro, me haré con él.
  • Stern von Afrika escribió : »
    ¿Por fin tienes el libro? Game for me again :awesome:

    Con un hilo de publicidad para un libro es suficiente, este va de otro hilo. ;)
  • editado 7 de enero PM
    Stern von Afrika escribió : »
    . Por lo que cuentas, tu familia ha sufrido la hambruna causada por la autarquía franquista. Creo que deberíais hacer las paces porque tenéis más en común de lo que pensáis.

    Por cierto, la hambruna salvaje solo la sufrió mi familia paterna, mis abuelos maternos tenían una tahona desde antes de la guerra, asi que el pan no les faltó (la carne y lo demás, si, pero pan comían todo el que querían). Creo que alguna vez he contado aquí que el primer recuerdo de mi madre, con cuatro o cinco años, es ella con varios de sus hermanos tumbados en el suelo de la tahona y mi abuela encima, cubriéndoles con su cuerpo mientras sonaban las zurriagazos de un bombardeo de las "viudas" alemanas, pues Tetuán fue uno de los barrios de Madrid más bombardeados, solo por detrás de Vallecas (que desmontaron con artillería desde el Cerro de los Ángeles) y Moncloa, que, desde el Cerro Garabitas, en la Casa de Campo, redujeron practicamente a escombros.
  • Y abundando en el tema del hambre, se me acaba de caer al suelo la fideuá que me había traído hoy al trabajo para comer. Que injusticia que no haya Record Guiness de la torpeza.
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