Ceuta empieza a correr un riesgo conocido en otras fronteras europeas: que los campamentos creados como solución de emergencia terminen convirtiéndose en permanentes.
La situación recuerda a las islas del Egeo, donde durante años la presión migratoria y la saturación convirtieron instalaciones provisionales en una nueva y peor normalidad ya aceptada.
Ceuta no es Grecia y sus circunstancias son diferentes. No precisamente mejores, porque en el caso de Ceuta hay intencionalidad política por parte de Marruecos.
Si yo fuera ceutí o melillense, intentaría abandonar la ciudad lo antes posible. Soy muy pesimista, o realista, pero esto tiene de todo menos buena pinta.
Por cierto, ojalá más Vivas y menos Feijóo, Abascal, Ayuso, Sánchez o Puente.
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